Director de CEDETi UC: “Una tecnología educativa tiene que apuntar más al corazón que a la cognición”

Doctor en Psicología de la Universidad de Berlín y Director del Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión (CEDETi UC), Ricardo Rosas ha dedicado su carrera profesional a la investigación sobre discapacidad e inclusión, llegando a situarse como un referente en la materia a nivel nacional y regional.
ricardo rosas

CEDETI UC, el Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión de la Universidad Católica es el área dedicada a desarrollar y promover tecnologías que mejoren la calidad de vida en situación de discapacidad en Chile y el mundo. Por este centro han pasado tecnologías de impacto como Sueñaletras, La Mesita, En-Seña o Kuwu, las que ya son usadas por personas tanto en Chile como en el extranjero.

¿Cómo se logra traspasar fronteras con una tecnología de inclusión innovadora?

Ricardo: Depende de la tecnología. El software Sueñaletras, por ejemplo, por su misma naturaleza pudo ser internacionalizado. La versión original sólo servía para sordos chilenos, ya que la lengua de señas es diferente en cada país. Pero como la estructura del programa es muy buena, cuando se conoció en otros países hubo mucho interés en adaptarlo. Así es como llegamos a los 18 idiomas que tiene hoy en día.

Esta tecnología es gratis, no hay cobro por usarla. Esto es sumamente importante en la transferencia de tecnologías para personas con discapacidad, porque es una comunidad que suele ser muy pobre. Pero también es una comunidad muy conectada, por lo que están siempre muy atentos a las cosas que pueden ser trabajadas a nivel local.

¿Y qué pasa en el caso de las tecnologías tangibles?

Kuwu es el primer dispositivo físico que pasa por CEDETi y consiste en un lápiz de lana que permite a las personas hacer dibujos palpables. Hemos podido probarlo internacionalmente y ha tenido una recepción muy positiva, considerando que la Comunidad de Ciegos en el mundo es una sola.

Para internacionalizarlo estamos pensando en un modelo de negocios basado en filantropía. Queremos que alguien nos financie la compra de Kuwus ya instalados en algún lado. Entonces la idea que vendemos es, por poner un ejemplo, que podemos proveer de 100 unidades de Kuwu al año a un colegio de ciegos en Temuco. Entonces, con la compra de mil unidades logramos dar pleno acceso a esta tecnología a este colegio.

Siempre es virtuoso lograr que capitales ángeles se interesen en tu modelo, porque nunca tendrás que estar ante un directorio y verte obligado a echar adelante el proyecto sin haber asegurado que el producto sea de calidad. Esto es algo que pasa mucho en el mercado educativo actualmente, por ejemplo, con los libros escolares.

¿Y cómo asegurar que los usuarios utilicen la tecnología?

No te imaginas la cantidad de pruebas que hemos hecho a Kuwu. Teníamos un protocolo en que para validar el uso, un niño debía completar un total 6 horas de juego, que es lo que estimamos que dura un lápiz de Kuwu. Esas pruebas son clave. La única manera en que funcione la tecnología es ponerse en todos los casos de uso. La mayoría de los fracasos de usabilidad ocurren porque no se hicieron las pruebas suficientes.

Una tecnología educativa tiene que apuntar más al corazón que a la cognición. Si no es atractiva, no se va a usar. Tiene que tener espíritu, y ahí entran muy fuerte los diseñadores. Para mí es el profesional más importante en el desarrollo de una tecnología, por lejos. Alguien que logre que el producto sea más que su función.